Monday, April 2, 2007

13- EL RESCATE

¿Como debe morir un inmortal, un prócer, un héroe?... ¿Con una bala fugaz segando su vida en el campo de batalla, enarbolando bandera y en plena juventud? ¿O cargado de años y amargos recuerdos en la soledad de una mazmorra? Pero veremos aquí que hay otras opciones imprevistas...


El hombre del cabello cano yacía reclinado sobre el duro catre. Cualquier otra persona hubiera reflejado, en esa postura, resignación ante el cautiverio. Pero no él: A pesar de lo modesto de sus vestimentas, todo su ser irradiaba gallarda majestad. A pesar de su avanzada edad y de los surcos que el sufrimiento había dejado en su rostro, bajo sus negras cejas fulguraban lrayos que emanaban de sus ojos. A pesar de su aislamiento, que lo rodeaba como una mortaja prematura habitaba en él ,incólume, el espíritu rebelde de la sagrada Libertad...

Y mientras su cuerpo languidecía, restringido al reducido ámbito de su prisión, su alma escapaba, a través de los barrotes, hacia los lejanos campos que desde allí vislumbraba, hacia lo mares aledaños, el cielo azul, la tierna brisa y el fulgurante sol y más allá, combatiendo la agorera añoranza del cautivo, con la exhilarante sensación de una perenne comunión universal.

Cerró la tarde y cayó la noche misericordiosa. El solitario prisionero de la torre alta en la umbría fortaleza cenó con sobriedad, casi distraídamente. Un ser, en apariencia, resignado a su destino. Pero en su mente bullía una inextinguible rebelión. Mil pensamientos se encadenaban interminablemente, en un tropel sinéctico de percepciones. Cuando llegaría la emoción del sagaz escape ? Cuando el regreso a la amada patria con renovados bríos y la sapiencia producto del prolongado encierro ? Que hacían los promotores de su ansiada libertad?. Por qué no recibía la palabra final ?

Otro hombre con menos templanza, con menos idealismo se hallaría sumido en la mas abyecta desesperación. Porque, en el fondo, sabía que todos los caminos estaban cerrados para él. Que la corona lo vigilaba estrechamente, sabedora de su importancia para la Causa y que sus carceleros, con todo y la profunda admiración y reverencia que le dispensaban pondrían su cabeza en la picota ante el más mínimo desliz.

Y llegó la hora del conticinio. En el silencio de una noche oscura, sin luna que deslizaba juguetonamente sus dedos de oro entre las barras de su ventana para yacer a sus pies, el prisionero se deleitaba en el bálsamo de la soledad.

Iniciaba un nuevo tren de meditaciones cuando sintió la Presencia.

Primero fue un levísimo cambio en la luminosidad del ambiente reduciendo la importancia única- hasta ese momento- del candil. Con los reflejos agudizados por la larga espera, miró a su alrededor para detectar el origen de la perturbación.

Entonces lo vió. En el rincón más oscuro del cuarto algo estaba cobrando forma ! Una forma, inicialmente tenue, en apariencia humana, que se materializaba con rápidez..

A pesar de su valor a toda prueba el prisionero se santiguó, llevado por un atavístico instinto de conservación...

El nocturnal visitante se irguió en la penumbra del cuarto. Su imagen retenía aún una indefinible cualidad, como sin en cualquier momento pudiera transparentarse nuevamente. Era alto, sin barba y cubierto por una especie de túnica de curiosa textura, de líquida y elegante forma que fluía sobre sus hombros, hasta las rodillas. Su mirada, enmarcada en una amplia frente, evidenciaba inteligencia y sensibilidad. En sus manos portaba un extraño artefacto cuyos botones manipulaba con evidente experiencia. Pronto, comenzó a surgir el inicio de un diálogo, algo más alto que un susurro, en una entonación extrañamente ausente de identificadores de procedencia.

- "Saludos ! -espetó el recién llegado- venimos a vos a través del tiempo y el espacio en una larga y azarosa jornada. No temais".

"A fe mia que teneis extraños modos de cumplir visita...Reimpostó el hombre del cabello cano, algo más repuesto de su sorpresa inicial, Pero si venís a ayudarme, de donde quiera que fuese, y quienquiera que seáis: ¡sed bienvenidos!

-"Me tranquilizais usia, pensábamos que pudieráis reacciónar adversamente, con el sobresalto que esta extraña aparición debe inspiraros".

"No tal, no tal. Vuesa merced tal vez ignore que escapé de la sangrienta guillotina, por un pelo, en más de una ocasion y que he mirado a la muerte desde hace años como a una vieja amiga.

- "No ha sido mi intención menospreciaros. Sabemos mucho acerca de vos. Y venimos a ofreceros una opción de escape como nunca la habriais soñado....". Pero, como todo, hay un precio que pagar".

"Pardiez que me intrigaís. No logro ubicar vuestra procedencia. Ciertamente ni rusos, ni alemanes ni aliados de la Inglaterra".

- "Es una larga historia, pero en aras de vuestra precaria situación procuraré ser lo mas sucinto posible... Habéis de saber que muchos años en el futuro hemos constituído una agrupación que añora los tiempos idos donde el clarín de las batallas, y la fiereza de la emancipación se conjugaban con nobles sentimientos, con espíritus sublimes y soñadores que anteponían la felicidad de sus semejantes a la suya propia, que se inmolaban gustosamente en aras de la grandeza de la patria.

- "El siglo en el cual vivimos refleja avances innegables en tecnología (máquinas al servicio del hombre) y salud, en educación y cultura, en comodidad y esparcimiento pero, a cambio, carece de algo vital. Un ingrediente perdido inadvertidamente en el correr de las edades. Un sagrado fuego que se extinguió en las antorchas que lo transportaban en el tiempo. Añoramos aquel tiempo de gigantes, de héroes, de nobles soñadores y osados peregrinos, de clarines del alma y fragores de luchas por justas causas. Sin ideales, sin nuevas fronteras que alcanzar, nuestro final como raza está cercano.

El prisionero callaba. Sus vivos ojos no perdían detalle de su interlocutor. Observaba atentamente su exposición, y como buen conocedor de almas detectaba una autenticidad de contenido que lo identificaba progresivamente con el aún oculto propósito.

- "Y es así como preocupados por el decline inexorable de nuestra civilización decidimos, hace cierto tiempo plantear una revoluciónaria idea, la única que puede liberarnos de este terrible yugo....

- "Disponemos de la tecnología para crear un mundo paralelo habitado por los grandes hombres del pasado: Filósofos y pensadores, guerreros y poetas, visiónarios, idealistas... Por sobre todo, ductores de sociedades, osados guías que contemplen desde su alta atalaya las maravillas hacia las cuales podamos dirigirnos, e indiquen el camino...".

"Una especie de nuevo Olimpo quereis decir ? interrumpió el hombre del cabello cano. La idea me atrae. Aún cuando habría mucho que organizar, que acordar... Empero, habéis hablado de un precio, y aún no llegais a eso....".

"- Perdonad. A eso vamos. Con todo su pasmoso desarrollo, la tecnología que nos permite salvar el abismo del espacio-tiempo y llegar hasta vos, no permite en cambio que regreseis con nosotros. Al menos en vuestra forma actual. Debe, por una parte, almacenarse vuestra vitalidad en forma compactada y, por otra, producirse una imágen corpórea acondicionada convenientemente para salvar el abismo. Una vez allá reintegraremos en un todo vuestro ser.

"Queréis decir entonces que tendre que dejar aquí esta gastada envoltura terrenal ?, adelanto el prisionero cavilante".

- " Así es exactamente, usía. Y mientras más rápido os decidais, mayores seran las probabilidades de éxito de esta misión...

Fue tan solo un instante de hesitación. Por su mente pasó en un segundo la memoria de interminables días y noches de cautiverio, de atroz sufrimiento por la libertad perdida. Y mas atrás, arduas batallas y bohemias noches, escapes, peligros, pasiones, cortesanas intrigas y bellas damiselas. Su familia...

La decisión estaba tomada. Recordó las palabras de otro inmortal, que seguramente lo estaría esperando "El hombre valeroso desprecia el porvenir". Y cuantos héroes a reencotrar. No todos gratos, necesariamente. Pero siempre interesantes...

"Vamos ! Procedamos de una vaz...".

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Toda la alta noche duró el trasvase de energía. Con los primeros cantos de los lejanos gallos, el nuevo cuerpo de oscura y vigorosa cabellera se irguió sonriente, desafiante. En contraste con aquel despojo de apagadas pupilas que parecía haber envejecido años y que lo contemplaba casi con orgullo desde su asiento.

Un breve contacto visual fue la despedida. Los dos viajeros se esfumaron sin una palabra. La soledad prevaleció de nuevo.

Rayaba el alba. Los lejanos cantos de los madrugadores gallos, le llegaban sobre los tejados anunciando un día mas de prisión a los demacrados huéspedes de la fortaleza.

La fuga se había consumado. Perfecta. Indetectable. Burlando todas las medidas de seguridad.

El hombre de la cabeza cana arrastró su cansado cuerpo al catre que lo esperaba acogedor. La historia actual terminaba para él... Y comenzaba en un futuro.

Cerró los ojos. Satisfecho, inició la segunda e inexorable fuga.

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